"¿Y por qué, Doctor?"


Volver a ser un niño es el desiderátum de muchos seres que procuran crecer espiritualmente. Recuperar aquella vitalidad, sensibilidad, flexibilidad, pureza y capacidad de asombro que seguramente teníamos cuando éramos tiernos gurrumines y que la sociedad nos fue cerce¬nando poco a poco, no nos vendría nada mal, si a ello le sumamos lo positivo que nos brinda la experiencia que adquirimos hasta ahora en la vida. Una dieta sana, una respiración adecuada, un trabajo corporal bien guiado y otros importantes condimentos nos facilitarán el camino para reflotar ese niño interno, muchas veces golpeado, que todos llevamos dentro. Pero además es importante observar a los chicos, para descubrir cuántas cosas podemos aprender de ellos.

Ya lo dijo Kahlil Gibran: "Podrás esforzarte en ser como ellos, pero no pretendas hacerlos como eres tú". De esa observación de las conductas infantiles que propongo, rescato para este punto un aspecto: las innumerables preguntas que nos hacen a los grandes, buscando los porqués de los porqués de los porqués. Esa es la actitud que a Usted le aconsejo, cuando se siente en el consultorio frente a su médico. Así como quizás Usted no siempre tenga mucha paciencia con sus hijos, generalmente los médicos no suelen tener mucha paciencia con sus "pacientes", como retribución a la que ellos tienen para esperar su turno. Pero no se desaliente y exíjale a su médico que sea un doctor o cambie de médico. La palabra "doctor", como dijimos, viene del latín "docere", que significa "docente". Un médico más que darle pescado al hambriento, debe enseñarle a pescar. Está tendiendo a desaparecer el absurdo enfrentamiento entre médicos ortodoxos o académicos y aquellos que practicamos formas más naturales y holísticas de Medicina.

Pero hay y habrá cada vez mayor distancia entre los que respetan el Juramento Hipocrático, buscando lo mejor para sus pacientes y quienes en cambio, no lo hacen. Si un médico le da antibióticos por una infección, antiinflamatorios ante una inflamación, analgésicos ante un dolor o quimio o radioterapia o cirugía ante un tumor, por ejemplo, nunca deje de preguntarle por qué le da esto, cuáles son las causas del problema que a usted lo aqueja y si lo que le está recetando le ayuda realmente a solucionar esas causas o solamente le tapa síntomas, generándole quizás otros peores o cronificando su enfermedad. Si la respuesta es —"recién después de ver los resultados de los estudios que le pido le podré contestar"—, pregúntele cuáles son los diagnósticos diferenciales que él sospecha y cómo trataría a cada uno de ellos de verificarse. Supongamos que un diagnóstico probable que le sugiera sea la artrosis y que le dice que ésta se trata sintomáticamente con antiinflamatorios y fisioterapia; pregúntele entonces cuáles son las causas de la artrosis y si la respuesta es — "la ciencia aún no lo sabe"— Interprételo como —"yo aún no lo sé"—. Indague entonces cuáles son las fuentes de información con las que se actualiza su médico: ¿Los trabajos científicos publicados en revistas o libros? ¿Los Congresos Médicos? Pregúntele entonces quiénes financian esos trabajos de investigación, esas revistas y esos Congresos y si se entera de que son los mismos Laboratorios Farmacéuticos que le venden medicamentos solamente sintomáticos que no curan ni un resfrío, asómbrese como un niño que descubre un chiche nuevo. Las verdaderas causas de la artrosis, del cáncer, de la diabetes, de las enfermedades mentales y autoinmunes, del SIDA (más allá del supuesto virus) y de muchas otras patologías "incurables" para una visión limitada a lo que se nos enseña en la Facultad, ya se conocen, pero no es negocio que se enteren ni siquiera los médicos, pues es más la gente que vive de estas enfermedades, que la que muere a causa de ellas. No hablaremos aquí, sino más adelante, de estas causas, ni de cómo se revierten, pero entiéndase que tampoco son las mismas en todos los casos: hay que descubrirlas artesanalmente en cada paciente y desarrollar una estrategia "personalizada" para revertirías. Las enfermedades no existen, existen los enfermos, ésta es la base de la Medicina Holística.

Si usted considera que su médico es una buena persona aunque se haya quedado sin respuestas ante su inquisitoria, no lo abandone, ayúdelo si él se lo permite, a liberarse del círculo vicioso de la ignorancia inducida por conveniencia del sistema consumista. Llévele no sólo este libro, sino todo el material científicamente fundamentado que está a su disposición para que deje de creer o prejuzgar que aquello que no se estudia en la Facultad, no es serio y para que expanda su conciencia por el bien de sus pacientes.

Si su médico no le permite hacer muchas preguntas y lo trata como desde un pedestal, no pierda más su tiempo y no se crea más omnipotente que él, pretendiendo cambiarlo. El tiempo y las frustraciones lo irán (con suerte) curando de ese cáncer del alma llamado soberbia, que en la Universidad se nos induce a los médicos a tener.
Tampoco sienta odio por los responsables de los Laboratorios, pues ellos también salvan muchas vidas, aunque su amor por el dinero no tenga límites en muchos casos. También son sus hermanos, aunque estén equivocados.
Mándeles luz y deséeles lo mejor, sintiéndose satisfecho pues su niño interior, habrá hecho su acción buena del día.